mi excusa
La otra tarde cogí el metro como tantas otras veces y lo ví. Era el hombre más triste del mundo; ancho como un tonel, con unos gruesos desgastados pantalones de pana, una cachava colgada en el brazo y la enorme cabeza agachada entre unos hombros otrota poderosos.
Llevaba una fotografía en blanco y negro en una mano que acariciaba con los dedos lentamente. Supuse que era de algún ser querido. Supuse que aquella persona que asomaba en la fotografía había muerto (aunque no sé si recientemente o hacía mucho tiempo)
Una lágrima le asomaba los ojos grises y un halo de tristeza se extendía por todo el vagón. Quizá fuera yo al único que le alcanzó su tristeza pero el caso es que, aprovechando una parada, salté al andén justo antes de que aquel hombre sacara un pañuelo de esos de tela del bolsillo.
Respiré hondo y aliviado de haber escapado de aquel vagón y casi no me fijé en los quince minutos que marcaba el reloj para que pasara el próximo tren.
Así que ese es el motivo por el que llegué tarde a la cita, ese es el motivo por el que no te encontré porque te habías ido (tú, tan impaciente y puntual siempre) y ese fue el primer día en mi vida que entré en un bar a beber solo hasta caer borracho como una cuba con el único sentido de ahogar esa tristeza.
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vaya pretexto!