el sol

10Ene07

Un día el sol se olvidó de salir. Y la oscuridad cubrió la tierra y el corazón de los hombres. Eran tiempos cuando no existía la electricidad. Eran tiempos cuando todavía estaba fresco en la memoria de los hombres el culto a un dios Sol. Y la ausencia de éste desasogaba a los hombes.

Además se enfrentaba (quién sabe si por primera vez en sus vidas) al hecho de que algo que tenían por inmutable y cierto (que el sol sale cada día) se derrumbaba. Ellos, que nunca habían luchado por algo que creían un derecho inalienable, se enfrentaban a la realidad de que nada es inmutable ni seguro. Y ello les asustaba irremediablemante. Ya no tendría sentido obligar a los niños a acabar sus juegos antes del anochecer. Ya nada les obligaría a sacar la basura, pasear las cabras o hacer la comida a determinadas horas. Y esa ausencia de horarios desasogaba aún más a los hombres.

Ellos, que maldecían la estrechez de un horario, no sabían vivir sin éste. Y en verdad es una rara manía de los hombres el crear normas (o, pero, costumbres) a todas luces absurdas en un principio; para luego seguirlas a rajatabla; después maldecirlas y, luego, hacerlas imprescindibles y llamar locos y vagabundos a quien ose no cumplirlas por el simple hecho de no atreverse ellos mismos (o no saber) a vivir sin ellas.

Pero el caso es que no había sol. Ni luna tampoco pero salvo los románticos, los suicidas, los gatos y todos aquellos que, de algún modo la gritan o la lloran, nadie la echó de menos.

Así pues, los hombres y las mujeres decidieron reunirse en asamblea como cuando había algo que decidir, no había nada que decidir o, simplemente, no se sabía qué decidir. Había un murmullo sostenido en la sala en forma de anfiteatro. Sólo el consejo de ancianos, en el centro, estabacompletamente callado, mesándose las barbas y con los ojos mirando al infinito.

-Esto es terrible -pronunció uno de ellos.

-No, es peor -continuó el más anciano de los ancianos produciendo un silencio pesado sobre la sala -esto nos llevará a la anarquía.

-Ahhhh -murmullo de aprobación.

-Algo habará que hacer -preguntó con la voz, la mirada y los brazos.- Creo que debemos formar una comisión que estudie el problema concienzudamente.

-Sí, sí -replicaron al unísono diversas voces de la parte de atrás.

Y en verdad es curioso cómo los hombes se reúnen para decidir reunirse otra vez. Y sienten un raro sentimiento de deber cumplido por aplazar el problema. Así un día tra otro hasta que el problema va isolviéndose como un azucarillo y, un día, las reuniones se dejan de celebrar porque se ha olvidado el problema.

-No -rugió una voz. -Lo que hay que hacer es ir a buscar el sol más allá del horizonte.

-¿Qué ?, eso es imposible muchachito -increpó el anciano.- Con esta oscuridad sería imposible que lo lograses.

-No -protestó Wizu.- Yo soy cazador, incluso fuí tras del Gran Búfalo Gris en las noches de luna. Sólo necesito uno o dos valientes más que me acompañen.

Todos bajaron la cabeza.

-Yo iré contigo .-Era Olaf, su inseparable compañero de juegos infantiles.

-Y yo también -resonó la voz de Golbim, la chica pecosa de ojos azules que se tornaban verdes según el estado de ansiedad o impaciencia en que se encontrara. (Ahora mismo eran de un intenso color verde)

El anciano estudió el grupo y trató de hacerse una composición de lugar. “Demasiado jóvenes” pensó; “y como todos los jóvenes demasiado impulsivos” negó con la cabeza. No obstante no se le ocurría ninguna otra solución. Además sabía que la prohibición ya no tendría sentido: no se iba a cumplir.

-Está bien, id. REcoged todo lo que necesitéis y partid en seguida con mi bendición antes de que lo piense mejor.

Así comenzó una fabulosa aventura en busca del sol más allá del horizonte. Pero esa es otra historia contada una y mil veces por los hombres de aquellas tierras y que llevaría demasiado tiempo contarla con el detalle que una aventura de este tipo merece.

El anciano se sentía cansado. Pero aún había un cabo suelto del problema: ¿quién estaba detrás de la desaparición del sol? Y miró con ojos tristes a todos y cada uno de los congregados buscando una respuesta en sus rostros. Pasó a lado de todos y cada uno de los ancianos del consejo. Uno a uno, inquiriéndoles con la mirada.

Y todos bajaban la cabeza. Sólo el último, el más joven (aunque sobrepasaba con creces los cien años) no lo hizo.

-Yo sé quién ha sido, Maestro .-Y el silencio espeso se convirtió en un silencio expectante.- Ha sido el gallo, que se olvidó de despertar al sol.

A esta increíble acusación todos se miraron un momento para luego asentir entre grandes voces de “A por él” y “Al traidor”. En seguida se formó un grupo de linchamiento y mataron al pobre gallo entre gristos de júbilo.

-Bueno, se acabó -pensó el anciano. Ya había encontrado el el culpable y se había hecho justicia (para que luego se hable tanto de la presunción de inocencia hoy en día caundo nunca la hubo)

Y lo que pasa es que es más cómodo encontrar un culpable que un motivo (un motivo siempre obliga a comprender y con un culpable raramente se hace ese esfuerzo)

Y lo que pasó es que nadie se fijó en que no había luna porque ya nadie la grita como antes. Si no, hubiera sido sencillo comprender que lo que ocurrió es que el sol y la luna concertaron una cita a través de venus, el único astro que los veía a los dos. Y, quizá, se sintieran culpables por quebrar un amor; puesto que tanto el sol como la luna, al darse cuentade que, sin querer (sólo por quererse) habían causado la muerte del gallo decidieron separarse para siempre. Por eso la luna a veces llora en memoria de aquel pobre gallo, y se pone encarnada en memoria de la sangre de todos los inocentes muertos a manos de la estupidez de los hombres. Por eso al sol le salieron unas extrañas manchas negras (que tanto intrigan a los astrónomos y que no son sino la sangre salpicada de aquel gallo). Y ese es el motivo por el que todos los gallos del mundo gritan con miedo hasta que ven aparecer el sol (y aún a veces después) en memoria de aquel su otro compañero.

Aunque yo, como siempre, no puedo sino pensar que, además del miedo, lo que les impulsa a cantar desaforadamente es el clamor a una injusticia hecha una y mil veces a lo largo de la historia de los hombres.

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