el ladrón de lunas

19Ene07

El ladrón de lunas es un auténtico especialista. Cada noche recorta un pedazo de luna y se lo lleva a su casa (donde lo guarda -cómo no- en un cajón).

Es ya bastante mayor, aunque hace su oficio con devoción -quizá uno de los últimos a los que le gusta lo hace-. Las autoridades están desesperadas. No saben qué hacer. Sencillamente se limitan , cuando la luna ha desaparecido completamente, a ir reponiéndola penosamente.

Claro que esto grava las arcas municipales con una tasa que la mayoría de los ciudadanos asume con resignación como un impuesto más. Vale, es cierto que muchos ciudadanos pagan esa tasa con más alegría que el resto (pero son los menos: son sólo los que lloran, ladrán, sueñan, se enamoran, tiemblan o admiran a la luna).

Realmente, y hablando en plata, el resto de los ciudadanos están un poco hartos de ese impuesto. Y de hecho murmuran (o gritan) algo como “la Luna, ¡a mí qué me importa la Luna, como si no vuelve a aparecer”

El caso es que esos ciudadanos han puesto un grupo de presión y el alcalde (que era de esos que les gustaba ladrar a la luna) ha tenido que poner más medios para atrapar al ladrón. El siempre ha sido el alcalde de todos, así que -como debe ser- se ha comido su opinión -qué buen alcalde para tan poco pueblo -(el entre guiones es mío)-

Y ahí está la autoridad competente al acecho del ladrón de lunas. La verdad es que no es fácil atrapar al ladrón porque cada noche ataca a una hora distinta y se está contagiando un cierto nerviosismo entre quienes tratan de atraparlo. Por de pronto no saben si es un solo hombre o es una banda organizada y, reconozcamosló, a alguno de ellos les parece algo romántico, casi heróico y aunque son leales al mandato que juraron se les hace muy difícil decidir entre el corazón y su trabajo.

El caso es que, una noche que el ladrón de lunas sentía sus piernas cansadas, lo pillaron. Lo sometieron, lo interrogaron y lo encarcelaron en Ocaña II -junto con los presos peligrosos-

Hubo brindis y alegría (la autoridad competente ya no tendría que excusar a sus parejas de que pasaban la noche fuera porque el trabajo obliga) y el alcalde, casi a su pesar, se sintió complacido al haber realizado lo que le demandaban los ciudadanos.

Claro que se cuidó muy mucho de comentárselo a los ciudadanos. Así, siguió mandando a la autoridad que hicieran el simulacro de robo. Claro que los gastos eran mínimos puesto que la luna repuesta era la misma que ellos iban quitando pedazo a pedazo.

Ello permitía seguir manteniendo una tasa que servía para renovar los libros de la biblioteca, crear nuevas escuelas infantiles, arreglar los parques… Cualquiera puede imaginar los gastos que tiene un ayuntamiento y cualquiera puede creer que todo lo que he contado es sólo un cuento.

Pero si entráis en Ocaña II, y conseguís hablar con el ladrón de lunas, sólo después de haberte ganado su confianza, es posible -aunque sólo posible- que os muestre todas las lunas que guarda en su cajó fruto de los robos de tantos y tantos años.

Sólo cuando veáis sus ojos brillar a la luz de aquellas lunas comprenderéis que todo lo que he dicho es cierto.

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2 Responses to “el ladrón de lunas”

  1. Luna tico ;)

  2. 2 contrasoledades

    Debe haber más ladrones de lunas, ¡esta noche no estuvo en mi ciudad!

    Me encanta que las guardara en su cajón…


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