brotaba

04Abr07

Brotaba pintura de entre sus dedos. No recuerda desde cuanto tiempo hace de su encuentro con aquel funambulero al que le pidió poder pintar. Debía hacer al día siguiente la primera entrega de unos cuadros que no había conseguido ni tan siquiera empezar. De hecho estaba tan seguro de no cumplir la promesa y de tener que devolver un anticipo ya gastado que no se le ocurrió otra cosa que disfrutar de la última noche.

“El pánico a la hoja en blanco” le explicó al gitano al tiempo que le daba su último y arrugado billete de cincuenta.

Fue después de aquella extraña noche en aquella extraña feria, cuando llegó a casa, se acercó al lienzo y vió cómo de entre sus dedos brotaban pintura. Fácilmente emborronó su primer cuadro. Rojos, azules y verdes extraños para expresar su estado de ánimo en un cuadro que se aparecía a cada manotazo. Y no podía parar. En un ritmo frenético pintó otro y otro y otro más. Poco a poco su entusiasmo se fue convirtiendo en cansancio, cada cuadro era más oscuro, más gris, pero no podía parar…

Sus dedos no obedecían a su voluntad y la pintura manaba y manaba. Sólo podía elegir los colores según su estado de ánimo y ahora, después de tantas horas estaba realmente cansado hasta que súbitamente dejó de sangrar.

Miró a su alrededor y vió que había amanecido, junto a él había diecisiete lienzos que abarcaban toda una amalgama de sentimientos dispares. Y se sintió fascinado por la fuerza que mostraban los cuadros. Aquello era lo que siempre había querido expresar y no había sabido nunca cómo hacerlo. Realmente no sabía cómo lo había hecho pero se sintió por primera vez desde hacía mucho tiempo con una alegría que iba más allá de haber solucionado sus problema económicos.

Se derrumbó el la cama fría presa de un enorme cansancio, como si lo hubieran vaciado literalmente, con un sueño pesado plagado de pesadillas en las que aparecía el gitano aquel con su media sonrisa.

No había pasado mucho tiempo (o al menos fue lo que le pareció) cuando tuvo necesidad de volver junto a un lienzo… Y de nuevo aquella locura empezó a suceder de nuevo. No podía parar y, cuando se quedó sin lienzos en blanco se vió en la necesidad de emborronar algunos viejos cuadros suyos.

Esta vez, cuando paró, no se sintió cansado, sino apenado ¡había emborronado al menos cinco cuadros suyos anteriores! ¡algunos de ellos claramente más alegres! ¡más vivos (en el amplio sentido de la palabra)!

Veía cómo, poco a poco sus cuadros se hacían más oscuros, más tenebrosos. Así que hizo lo único que podía hacer: pensó en los días alegres de la infancia y hundió sus manos en su propio corazón.

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4 Responses to “brotaba”

  1. Por fin puedo entrar!!!!!!

    Supongo que todo don es un arma de doble filo, ¿no?
    Aunque triste, me parece un relato hermoso.

    Salu2!!!

    Eres bienvenido a mis espacios cuando quieras!

  2. 2 Juje

    brindo por tu arte

  3. Los sentimientos desatados acabando con el pobre humano que los porta. A veces son tan intensos que terminan con nosotros… Un cuento lleno de significados, es también algo sombrío, me ha gustado mucho :-)

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