haciendo el equipaje

11Abr07

Nunca he sabido hacer el equipaje, lo reconozco. En eso no me parezco a mi madre de la que heredé sus angustias, sus miedos, su complejo de culpa y tantas otras cosas, pero lo de hacer el equipaje francamente no.

Ella doblaba con cuidado todas las mudas, la ropa interior, los jerseys de pico (siempre aquellos espantosos jerseys llenos de pelotillas), metía los zapatos en bolsas, ahuecaba las camisas perfectamente dobladas para que entraran los útiles de aseo…

Yo llevo años en este trabajo de representante que me hace cambiar de sitio y alma al menos dos veces en semana y todavía no consigo hacer el equipaje como dios manda. Al partir de casa siempre se me olvida algo, y cuando lo rehago en el hotel siempre me dejo algo olvidado.

“Lo que te pasa, Ana, no es que olvides las cosas, es que quieres que se sepa que has estado ahí”, me dijo una vez Roberto. Yo negué con la cabeza, pero es posible que tuviera algo de razón. Pensar que he estado en tantos países de los que no conozco más que el olor de sus taxis y sus habitaciones de hotel… Hay veces que parece que siempre voy al mismo sitio, que siempre es el mismo: los mismos taxistas, los mismos recepcionistas, los mismos gerentes a los que hay que convencer para que compren el mismo producto de siempre…

Ah, Roberto ¿qué habrá sido de él. La última vez que le ví con sus gafas de pasta se iba a no se qué ONG de esas en un maldito país perdido de la mano del dictador de turno.

Roberto, (el nombre me suena ya tan lejano…) ¡Qué extraño que me acuerde ahora, precisamente ahora, de él! Me acuerdo de él, me acuerdo de mi madre… puf. Supongo que lo que pasa es que siempre he odiado la “vuelta a casa”. Desde que me mudé al estudio de la calle Feijó no me acostumbro a que nadie me espere, a que la casa esté irremediablemente fría cuando llego porque no puedo dejar el programador de la calefacción cuando ni tan siquiera sé si voy a estar dos días o una semana fuera.

Tuve una vez un gato que recogí de la calle. “Gordo”, lo llamaba. El ser más desagradecido (a parte de mi jefe y de mi ex) que he conocido. Lo saqué de las calles, lo vacuné, lo engordé y lo único que hacía era destrozarme la casa y lamerse las patas. Al mes ya estaba harta y lo entregué a la protectora de animales.

Quizá es que no he sabido nunca compartir mi espacio, o simplemente que, debido al trabajo no puedo mantener a ningún animal conmigo (o que sencillamente los detesto con todas mis ganas)

¿Qué diría mi padre si viera convertida a su hija en un alto ejecutivo? Supongo que nunca se lo habría imaginado. Para él que una mujer trabajara fuera de casa o viviera sola e independiente siempre le había chocado. Aún le recuerdo en su cama de hospital: “Prometemé que todos los años me visitarás en el cementerio e irás a menudo a casa de tu madre”. Así, en una sola frase. Era único para unir las palabras. “Cementerio-Casa-Madre” ¡el triunvirato! Nunca lo llegué a querer demasiado, quizá ni tan siquiera lo aprecié y él lo sabía. Aunque nunca se quejó de ello. Supongo que era incapaz de sentir nada, de que nada le importara.

Todavía me acuerdo cuando me desollé las rodillas al caerme de la bici. “Eso no es nada, Anita” me dijo y yo tragándome las lágrimas de dolor porque ¡cómo iba a llorar si aquello no era nada!

Y cuando dejé al cabrón de Carlos cómo simplificó diciendo “No pasa nada, era un auténtico imbécil que no te merecía”. Y yo de nuevo, con las lágrimas por dentro y sin poder llorar porque, esta vez también, no había pasado nada.

Y sin embargo le extraño, ¡Joder, papá, cómo te echo de menos! ¡cómo os echo de menos a tí mamá, a Roberto, a “Gordo”…, incluso al cabrón de Carlos!

Supongo que es el efecto de tanto fármaco, o efecto del cansancio. Pero es que hacer el equipaje para ir al hospital para una neumonectomía es absolutamente deprimente.

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11 Responses to “haciendo el equipaje”

  1. 1 Perla

    Hola, weno, no pedi permiso xk no sabia si aki se dejaban comentarios, y no sabia k tenia dueño, sabes? k me creia k era puesto asi xk si… Lo siento muxo si t molesto, t prometo k no era mi intencion… Perdoname :(

    Y no digas k la gente como yo dan pena… X favor :(

    D ahora en adelante mirare bien lo k copio, xo no acostumbro a copiar…

    Muxos besos.

  2. 2 Juja

    olvidarse cosas en los lugares es la excusa para volver pronto.

  3. Las neumonectomías, y otros malos ratos, hacen que asomen sentimientos ocultos. Algo bueno tienen que tener ;-) Un abrazo

  4. Me ha parecido una buena historia, muy amarga y angustiosa en la que vas enlazando perfectamente un desengaño con otro… supongo que la protagonista es una perfecta auto-torturada (¡No gustarle los gatos! ) . Quizás por eso esta sola, no sabe hacer el equipaje y añora la compañia de sus sees queridos. O quizás no :)

    Un saludo,

    Pedro.

  5. Hay mucha gente que quiere estar sola porque así lo decide, y es triste, no solo por no tener a nadie que te espere a la vuelta de un viaje, es por todo, por las cañas en las tardes de vernao, por las risas, por ir al cine a ver una película mala, por…por todo eso qe parece un anuncio de coca cola, o mas bien de una cerveza, jeje. ME gusta la historia. Besos

  6. 6 ROC

    Me ha gustado muchísimo, quizás porque yo me hago los mismos planteamientos sin necesidad de neumonectomías ni nada parecido.
    Pero verte enferma y a punto de que te realicen una operación, debe ser como el que tiene un accidente y le pasa toda la vida por delante. Y tú lo has reflejado de una forma magistral.
    Mil besos.

  7. 7 Oski

    Muy buena historia. Llena de desengaños y con un ritmo frenético que te mantiene pegado a la pantalla deseando más y más. Lástima que acabase tan prontito.

    Un abrazo!!!!

  8. El Hecho de hacer el equipaje sirve de pretexto para contarnos la vida de Ana, los personajes y acontecimientos que más la han marcado, y que forman un mosaico en el que todo cuadra, tu relato. Por eso mismo te doy mi más sincera enhorabuena. Prometo seguir leyéndote :)
    Un abrazo, nos leemos!

  9. Me encanta que a partir de mi frase, y con la excusa del equipaje hayas hecho esta historia tan buena.

    Tan llena de sentimientos de la protagonista, sin apenas notarse das mucha información sobre ella, su vida,…

    Me ha gustado mucho.

  10. 10 ninive

    Genial el dominio del tiempo, cuan masa que moldeas a tu gusto a lo largo del relato, presente, pasado, futuro en una narración en donde no hay cambio brusco alguno que lo delate. Todo transcurre en fracción de segundos por su pensamiento y al mismo tiempo nos lo ralentizas en un paso por su vida instantes antes de enfrentarse a tan dificil momento. Y entonces se echa de menos presencia que evite tanta ausencia.
    Un abrazo


  1. 1 hay day hack for android

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