el día en que las hadas desaparecieron

27Abr07

I

El título de aquel libro llamó poderosamente mi atención: “el día en que las hadas desaparecieron”. Tuve que fijarme bien en qué zona de la biblioteca estaba: Historia, y ello acrecentó más mi inquietud. Si hubiera estado en Novela, o en Ensayo, o en cualquier otro sitio, no me hubiera asustado tanto. Abrí el libro y ahí estaba:

Autor: Katharine Briggs
Título: El día en el que las hadas…
CDU: KbE-98

“98, Geografía e Historia” repasé mentalmente. No podía ser. El libro era de tapas duras y encuadernadas en piel. O sea, que seguro que era otro libro más de “Sólo Consultar en Sala”. Así que hice lo único que podía hacer: lo agarré con todas mis fueras y salí corriendo hacia casa sin tiempo a oir a la Señorita Rottweiller que ladraba un “sé quién eres, ya se lo diré a tus padres”.

A estas alturas no me preocupaban sus gritos ni sus amenazas. Ni tampoco el seguro castigo que me pondrían por haber robado el libro, o cómo lo iba a explicar. Nada de eso tenía importancia ahora.

Corrí escaleras arriba a casa, abrí de un portazo la habitación y saqué con cuidado la caja de cartón de debajo de la cama. Cuando la abrí la caja estaba completamente vacía. ¡El libro tenía razón! ¡Había desaparecido el Hada! No sabía qué hacer, así que me senté en la cama y abrí el libro por su primera página.

“El 26 de abril de 1978 fue el día en que las hadas desaparecieron de la faz de la tierra…” Era hoy, ¿cómo era posible? Un libro de historia hablando del presente.”… Fue un día triste, aunque muchos ya lo habían advertido…” ¿Advertido? ¿a quién? ¿cómo? Si hasta ayer el Hada seguía en mi caja de cartón. “…Y es que ya nadie creía en las hadas; los hombres, preocupados por sus propios intereses, por sus propias mezquindades, pensaron que el dinero todo lo podía comprar. Como ya no necesitaban a las hadas, dejaron de creen en ellas; como dejaron de creer en ellas, éstas desaparecieron…”

¡No era cierto!¡Si yo veía al Hada todos los días! A la salida del colegio, abría la caja, dejaba que el Hada subiera a mis manos, que revoloteara por la habitación. Me encantaba cómo canturreaba, con ese susurro de alas. Me reía de sus cuentos y de sus historias y yo le contaba a su vez cómo la profesora de matemáticas se había enfadado muchísimo porque nadie había querido salir a la pizarra voluntario para resolver el problema. “Yo sabía cómo hacerlo”, le confesaba, “pero no quiero que me consideren un empollón”. Y ella asentía porque me entendía.

Y yo le preguntaba cómo era su vida anterior a cuando la encontré agonizando en la cuneta de aquella nueva carretera que habían ampliado a cuatro carriles para que los coches pudieran ir más deprisa a los chalets de la sierra. “Promociones Alba: el lugar donde usted no necesitará nada más para vivir (y a sólo veinte minutos de Madrid)”.

Y le preguntaba si era feliz conmigo, en lugar de con su familia, y me respondía que iba a estar mucho, mucho tiempo conmigo. “Hasta que te hagas muy muy mayor, te lo prometo”. Y ahora había desaparecido. No es que se hubiera ido porque yo no era más que un niño chico y ella me lo había prometido. Así que no era eso. Simplemente había desaparecido porque todas las hadas habían desaparecido para siempre desde aquel día.

No, desde hoy, me corregí, y seguí leyendo “… La última persona que vió un hada se llamaba Alberto…” ¡Mierda! se llamaba como yo. “…y tenía guardada en una pequeña caja de cartón al hada Maeve, conocida también como Ellyllon, el hada más diminuta de las hadas famosas. La guardiana del fuego, de padre humano, que una vez escapó de su palacio movida por la curiosidad hacia los humanos hacia no se sabe dónde…”

Ellyllon, Ellyllon, repetí mentalmente imaginándome a aquella hada, comparándola con mi Hada hasta que una punzada en el corazón me dijo que aquel libro estaba hablando de ella.

“…Alberto la encontró en una cuneta de una autopista, la recogió con mucho cuidado y la llevó a su casa. Desde entonces vivió feliz en lo que, desde entonces, fue su hogar…” ¡Mierda! No podía ser. ¡Aquel libro estaba hablando de mí! “…pero aquel fatídico día de abril, al igual que el resto de las hadas, al igual que todas las hadas olvidadas, también desapareció”.

No era cierto, yo no la había olvidado, aquel libro era mentira. No era posible. La autora no sabía de lo que hablaba. No era cierto. Abrí la ventana de mi habitación de par en par y grité al viento un lamento hiposo.

II

Cuando me volví escuché un tintineo especial. ¡No puede ser! ¡Estás aquí! Y la abracé con todas mis fuerzas y todo mi cuidado. ¡Estas aquí!, ¡no has desaparecido como las otras! ¿cómo es posible?… “Sigue leyendo, así lo entenderás”, me interrumpió Maeve con una sonrisa.

“…Hasta que Albertó gritó al Cielo por la desaparición de su amiga a la que tanto echaba de menos -aunque no había pasado tanto tiempo desde aquella misma mañana en que la vió-. Su grito fue escuchado por los Korred, por los Fatuos, por todos aquellos que tuvieron alguna vez relación con las hadas. Y estos las trajeron a la tierra de nuevo.

Sí, el día en que las hadas desaparecieron, bastó el llanto de un niño llamado Alberto para que volvieran a aparecer”.

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14 Responses to “el día en que las hadas desaparecieron”

  1. Bonito relato, aunque un poco raro. No sé, quizás por eso de que el libro no tiene ninguna razón para existir. Aunque quien sabe, los libros son entidades caprichosas que aparecen cuando quieren (por ejemplo, cuando uno limpia la casa, acaba encontrándose un libro de bolsillo SIEMPRE en la parte de atrás de una estantería).

  2. Me encanta y punto.

  3. En todas las bibliotecas hay miles de puertas que llevan a verdades paralelas. En cada libro se nos muestra una respuesta y una nueva pregunta. Buscas en otro libro la respuesta y la obtienes… eso sí, a cambio de otra pregunta.

  4. Es bonito, imaginativo y tierno.
    A mí me ha gustado, pobre Alberto, qué susto al ver que ella no estaba allí.

    Salu2

  5. 5 Oski

    Un cuento de hadas precioso el que nos regalas esta semana. Invita a soñar y a volver a ser un niño me gustó mucho.

    Un abrazo!

  6. precioso y muy muy bien escrito… lo que le falta, lo dejas a la imaginación, y no le sobra nada. redondo.
    te felicito.
    un saludo.

  7. 7 popi

    Hola!
    Otro cuento sobre hadas, pero este es tuyo, y por eso es especial. Fíjate que Sir Arthur Conan Doyle creyó haberlas visto cuando, en realidad, no era más que una broma de papel. El pobre se lo creyó. Un genio. Yo veo gnomos cuando voy a buscar espárragos. Pero no soy un genio, ni medio, ni un cuarto.
    Sólo hay una cosita que me chirría en tu cuento, que está perfectamente narrado y estructurado( aunque , a mi, el tema estructura me resbale bastante a la hora de escribir) :

    “..que una vez escapó de su palacio movida por la curiosidad hacia los humanos hacia no se sabe dónde…”

    Hay dos “hacia” demasiado juntos, lo que, para mi gusto, redunda negativamente en la frase.
    Un bonito cuento.
    Yo sí creo en las hadas. Más que en los humanos. :)

  8. 8 Ricardo

    Bello. Sólo que, debo confesarte, me produce cierto desgarro. El mismo que siento al leer algunos relatos de los cuentacuentos de las Españas. Es que, mis bisabuelos, en el viaje en barco a finales del XiX, en el contraste de culturas, perdieron o tuvieron que dejar, parte de ese mundo mágico. Así,las hadas fueron arrancadas de nuestra tradición oral. Sólo pudieron vivir en los libros de cuentos.
    Al leerte, siento que le devuelves a mi sangre (que aun estando en Argentina, no tiene otra mezcla que la de las distintas regiones de España), esa parte que le falta.

    Qué más decirte que doblemente gracias. Por el relato, y por la memoria de los que me precedieron.

  9. 9 MARTtA

    ….es totalmente esperanzador…yo, como Alberto, creeré en las hadas…un saludo, MARTtA

    http://marmahi.spaces.live.com

  10. 10 Malena

    El día que las hadas desaparezcan, nosotros estaremos jodi***.
    Fenomena historia, me ha recordado irremediablemente a mi peli de culto “La historia interminable”, cuando Bastian lee en el libro, que él es el protagonista del mismo. Me ha encantado :D, felicidades por ella.

    Besitos.

  11. 11 Cuervo

    me ha gustado bastante.

    el hecho de robar un libro de la biblioteca es algo que a todos nos ha rondado por la cabeza. Ese impulso de que la historia sea nuestra, para poder disfrutarla a nuestro ritmo, sin horarios, sin tener que compartirla, hacerla propia…

    me ha recordado un poco a la historia interminable, con Bastian gritan el nombre de la emperatriz infantil por la ventana

    un saludo!!!!

  12. 12 atenea

    Qué bonito!! La magia de las hadas y la inocencia de un niño siempre hacen una buena historia :) precioso relato, de verdad.

    Saludos!!

  13. Por suerte no desaparecieron del todo…

    Me han venido a visitar a mi, y se terminaron quedando conmigo… :)

    Yo vivo en http://www.minuncajamas.com y estan todos invitados a venir… :)

    Tengo 17 años pero no quiero crecer nuncaaaaaa, nunca jamáaáááááássss!!

    Mis mejores deseos para todos!!

  14. yo no creo que es justo que las hadas desaparescan como ser una hada


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