antonio

15Oct07

Se llama Antonio y vaga de mesa en mesa pidiendo una limosna. Se queda ahí parado, incómodo, sin decir nada. La mano derecha sobre la izquierda, con las palmas hacia arriba haciendo cuenco.

Antonio ya no se acuerda de su infancia, si la tuvo. Ni de sus padres, aun si le quisieron alguna vez. Antonio sólo vive para el ahora. Y ahora tiene frío, tiene hambre, siente sus pies cansados y se pregunta qué hizo él para no merecer mejor suerte. Para no ser uno de Ellos. De esos que comen alegremente de sus platos sin ni siquiera mirarle. Esperando inútilmente que la indiferencia hacia él le alejen de su mesa. Siente una rabia sorda, aunque no sabe porqué. No puede culparles porque rían, porque coman alegremente. Así que se está un buen rato ante cada una de las mesas. Sin decir palabra. Y sabe que Ellos se sienten incómodos ante su presencia. Le desprecian porque se encarga de recordarles que ellos también podían ser Antonio. Y se reconforta pensando que él podría ser alguno de Ellos. Formar parte de esa selecta sociedad que come todos los días, que pide cervezas y ríe y que, al contrario que él, no siente frío.

Siente una mano en su hombro, pero no se vuelve. Toda su mirada está concentrada en la mesa. “Estás molestando a los clientes. Venga, vete”

Pero Antonio no se mueve. Apenas entiende lo que le dicen. Sólo entiende que no es justo y que tiene frío. Pedro le hace volverse, le hace levantar la cara, le hace mirarle y le indica con un gesto “¿Tienes hambre?”. Sí, eso si lo entiende y asiente. Y Pedro se lo lleva a un aparte para que no moleste a sus clientes. Ellos suspiran aliviados. Pedro habla con él y pide al camarero un bocadillo de lomo con queso “De los grandes, para llevar”. Y se queda mirándo a Antonio que ha vuelto de nuevo la cara hacia el suelo.

Cuando el paquete envuelto en papel de plata sale de la cocina, Pedro se lo entrega y Antonio siente el pan caliente, el olor del lomo frito y del queso derretido. Antonio se va mientras Ellos suspiran aliviados. Aliviados de poder olvidar a Antonio. Prestos a simular que no ha pasado nada. Que no existe ningún Antonio. Contentos por haber cerrado los ojos. Y se concentran de nuevo en sus platos y vuelven a reir haciendo chocar las jarras de cervezas. Olvidando a Antonio, a Pedro, a aquella calle de los Pintores y aquella visita a Cáceres realizada en un día cualquiera de Octubre.

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4 Responses to “antonio”

  1. 1 Mna

    Es cierto. Lo que no te place es fácil de olvidar.

  2. es verdad…cerrar los ojos, olvidar, no ver…

    Uno de los mas lindo que has escrito

  3. Supongo que la mente crea mecanismos para defenderse, “no ver” es uno de ellos. Pero esta justificación no vale para el alma, que está obligada a verlo todo.
    Gracias por el relato :-)

  4. He estado con suerte estos días, unas letras deliciosas para una verdad amarga.
    Un Abrazo.

    L. C.


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