el hombre del bar

06Nov07

Una mancha de vino en el mantel, unos restos de migas, el cenicero usado y una taza de café vacía. La cuenta a un lado, con el importe justo. A Ana le gusta el turno de tarde y llega siempre un poco antes para ayudar a recoger las mesas del bar. Y le gusta imaginar quién ha comido en aquellas mesas e improvisa una conversación ya mantenida de dos extraños, de una pareja joven o de un hombre solitario. A veces cree que es capaz de verles, de escuchar sus conversaciones incluso, hasta que una voz le despierta de su ensoñación.

-¡Niña! que parece que estés dormida-

Es la Cocinera, que marcha con su ropa en un atillo. A Ana le cae bien esa cocinera portuguesa, y le gusta su acento extraño en una tierra extraña y la saluda cuando cierra la puerta. Ana cree conocer ya a todos los clientes habituales, aunque no los haya visto nunca, porque no son muy diferentes. El de la mesa con la mancha de vino y el café en la mesa debe ser una persona joven, trabajará en una oficina de administrativo o de informático y llevará una camisa a cuadros las más de las veces. Seguro que vive en un apartamento pequeño solo, con una nevera pequeña llena de “nuggets” de pollo y pizza congelada. Siempre le ha dado un poco de tristeza imaginar a alguien comiendo solo en un bar. Pidiendo todos los días ese menú del día a ocho cincuenta euros, convirtiéndose en una parte más de ese bar de comidas, confundiéndose con el mobiliario poco a poco, oliendo cada vez más a la misma cocina. El, porque está segura que es un hombre, siempre se sienta en la misma mesa, siempre pide el menú y nada más -aún los viernes que es cuando el resto de los parroquianos piden una copita después de comer-, siempre se fuma tres cigarrillos y siempre deja el dinero justo.

Ana lo imagina joven, sí, pero se lo imagina triste, con gafas de pasta y no muy alto. Pero sobre todo gris. Y siente curiosidad por conocerlo personalmente, aunque sus obligaciones de por la mañana hacen que no pueda estar antes.

Hoy en la mesa había dos tazas de café, en el cenicero dos tipos de cigarrillos, unos con una marca de carmín. Y Ana no puede evitar alegrarse por su comensal, e imagina sus voces y cómo se cogen de la mano. Y no puede evitar sonreir mientras recoge la propina de dos euros que le ha dejado.

Anuncios


13 Responses to “el hombre del bar”

  1. Qué bonito!
    Me ha gustado como la mujer “conoce” al resto de personajes ausentes.

    Gracias por dejarte llevar por la mancha del mantel.

  2. 2 Hellraiser

    A mí me ha gustado también, y mucho. Sobre todo algunas frases que has soltado por ahí. La que más: “confundiéndose con el mobiliario poco a poco.” Algo que me quedará en mente para utlizarlo, si no molesta, claro. ;)
    El resto de la historia está verdaderamente bien.
    Felicidades.
    Un abrazo.

    Hell.

  3. Me ha gustado mucho tu historia de los ceniceros, mucho-mucho, en serio. No hay nada más que decir porque tú lo dices todo. Me encantan las historias que se centran en los detalles.
    Un saludo.

  4. Ha estado muy bien, la sensación que tengo es de una cafetería vacía, que se vá llenando de imágenes según la camarera va contando detalles…

    Me gustó el paso del tipo gris, a el carmín en el cigarrillo. Muy romántico también imaginarlos de la mano!!

    Saluditos!

    Synn

  5. 5 Jara

    Tiene mucho encanto esto que has escrito, de verdad, porque consigues que esa chiquilla llamada AnA se transforme en alguien especial, y que sus creadas historias en la cabeza creen un ambiente digno de representar.

    pd: Gracias por tu comentario y no lo sientas porque al menos así encuentro otro punto de vista a lo escrito.

    Un beso.

  6. Cuando en mayo echo una mano en un restaurante familiar y llega la hora de ir recogiendo mesas me sucedía muchas veces eso de imaginar que habría mas allá de aquel jaleo que poco antes formaba un comedor en hora punta. Y es cierto que una mesa es como un libro de enigmas que puede encerrar desde la nada hasta increíbles historias, como las que la protagonista imagina. Y todo puede partir de una mancha de vino.
    Un abrazo
    Rebienvenido!

  7. Me gusta Ana… Que es muy Cuentacuentos, porque con muy pocos datos consigue imaginarse mil cosas y mil situaciones…

    Me identifico mucho con ella, porque a veces voy por la calle y me imagino como será la vida de la gente con la que me cruzo… jiijij

    Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

  8. He entrado de rebote en esta página y me ha sorprendido. Mu tipica la descripción del informático con camisa a cuadros y gafas de pasta (Soy informático) y muy divertida. Me encanta el final, al final el hombre gris se convierte en principe azul de alguien. Ya no vere las mesas vacias de los bares de igual forma nunca mas.

  9. Que lindo… voy a intentar poner ese arte en practica, el arte de imaginar en la realidad… quizas asi las cosas pequeñas sean amenas o las alegrias de los demas se vuelvan propias

  10. ¡Una compañera cuentista!

    Entontré este blog por casualidad y pinta bien así que… volveré pronto.

    Un saludo

  11. 12 Mna

    Me gustó. Ojalá que algún día Ana y el comensal se puedan ver cara a cara. Saludos.

  12. Creo que ya lo he dicho, pero no me molesta repetirlo: me encanta como escribes…


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: