algür

25Ene08
I

Todas aquellas palabras que en su época fueron escritas se encuentran en un enorme libro. Y no vale con tacharlas con saña, es igual que las borremos y, por supuesto, no sirve quemar en el fuego aquella carta de amor escrita y reescrita una y mil veces. Una a una, todas las palabras encuentran su lugar en el libro, en el preciso orden en que se hubieran escrito, con la misma letra que en el original (no importando si la letra era redondilla o de palo), en el capítulo correspondiente que el Libro nos asigna a cada uno al nacer.

Y es de ver los comienzos de cada capítulo, esos balbuceantes “amo a mi mamá” hechos con unos trazos temblorosos sobre un papel mientras apretábamos la lengua y juntábamos los dedos tratando de domar el lápiz. Y se observa claramente el paso de niño a adulto porque las palabras aparecen con un trazo más firme, más personales, más alejadas del tipo de letra de los cuadernillos de aprender a escribir.

Algunos capítulos tienen muy pocas palabras, tan sólo algún nombre, alguna firma o algún recibí… Otros son enormes y larguísimos. Allí están las obras completas de Aristóteles, de Sófocles, de Eurípides… de todos los grandes Sabios Griegos. Y también están las nuestras, nuestros cuentos, nuestras cartas, las felicitaciones de Navidad, los “un beso” pegados apresuradamente al final de una párrafo…

Claro que no es fácil leerlo. No es como leerse las obras completas de un autor. Pues el libro, como se ha dicho, conserva las palabras en el mismo orden en que fueron escritas, y no vale corregirlas. Es por ello un poco caótico, del estilo de los monos escritores de Borges. No obstante, a cada ser, humano o no, nos es concedido poder ver nuestro capítulo del libro una vez en la vida. Y en ese instante podremos recuperar todas las palabras que escribimos, todos los borrones que echamos, todas las poesías pensadas…

II

Algür pensó que era el momento de ir en busca del libro. Había sido un gran cuentacuentos, pero sentía que su talento se había agotado. Ya no salían palabras de su pluma. No, no era como el miedo a la hoja en blanco en que los escritores escriben para luego tachar. Algür se sentía incapaz de escribir. No salía ninguna palabra y le angustiaba sobremanera. El había sido cuentacuentos toda su vida. No sabía hacer nada más y ahora que no podía escribir desconocía cómo se iba a ganar el sustento. Sabía que no le faltarían amigos que le echaran una mano, o que le prestaran ropa, comida y calzado, pero el amaba el oficio de cuentacuentos, se sentía renacer cuando creaba una historia y veía la sonrisa, el asombro o el alborozo que provocaban sus cuentos. Era difícil de explicar o de entender, pero él lo sentía así y con eso le bastaba.

Así pues subió a la Gran Montaña donde se encontraban los Guardianes del Libro, que le sonrieron al verle.

-Bienvenido, Algür, te estábamos esperando desde hace mucho tiempo -comentó el guardián de la derecha.
-¿Esperando? ¿Por qué? ¿Cómo sabíais que iba a venir? -Algür no salía de su asombro.
-¡Ah, viejo amigo! si me cree digno de considerarme como tal -replicó el guardián-
-Nosotros no escribimos nunca una palabra, pero sabemos mucho de los corazones de los hombres -continuó el otro.
-Sí -Acertó a decir Algür. Era extraño como aquellos dos guardianes se alternaban en la conversación continuando una frase con otra.
-Conocemos tu Capítulo… y llevas mucho tiempo sin añadirse nuevas palabras -resolvió uno de ellos.
-Adelante, pero recuerda que no podrás volver a ver tu capítulo nunca -apostilló el otro.

Algür entró temeroso en la Sala. La última advertencia le sonó más a una amenaza. Debía concentrarse y la idea de encontrarse ante su última oportunidad le abrumó, le golpeó físicamente como sólo una idea puede hacerlo.

La sala era enorme pero sin ninguna decoración. Y en un simple atril se encontraba el Libro. Por supuesto que era enorme y se adivinaban infinidad de páginas. Afortunadamente el Libro aparecía abierto por el capítulo de Algür -de otro modo hubiera sido imposible que el pobre cuentacuentos pudiera encontrarlo-.

Las primeras palabras de su capítulo eran pequeños balbuceos que le hicieron retroceder a los primeros tiempos en que imaginó historias, en que imaginó pequeños cuentos, estúpidos a veces, nunca demasiado elaborados… Y disfrutó viendo esas palabras apenas recordadas que había tachado. Descubrió aquel cuento que escribió de un tirón (¡y estaba casi idéntico al original!). “Bueno”, pensó, “éste, es el original, éste es el que salió” Aunque el resultado omitiera errores ciertos, tenía cierta belleza tal y como lo mostraba el libro.

Algür sabía que no tenía mucho tiempo pues quien visitaba la Sala y veía el Libro no podía permanecer dentro mucho tiempo sin que los Guardianes le invitaran amablemante a salir urgiendo sus picas. Así que pasó gruesos montones de páginas con el fin de llegar a sus últimas palabras escritas…

Y allí estaban: Amor, Sinceridad, Amantes, Amigos, Niños, Perros, Gatos, Puesta de Sol, Lágrimas, Risas, Ilusión, Payaso, Verdad, África… y, finalmente, Cuentos. “Cuentos, Cuentos”, repitió Algür. Y de pronto lo supo, formó una formidable historia en su mente. Una historia de payasos en África, una historia de ilusión, en la que había niños, y perros, y gatos…. Sí Algür lo descubrió, supo que había infinitas historias en aquellas páginas, que contar una historia no es más que mezclar palabras con más o menos sentido, pero palabras que salgan de dentro; de ese dentro del estómago que todos tenemos; de ese dentro que algunos llaman corazón.

Y se sintió felíz, y cogió el cuadernillo que llevaba siempre consigo y empezó a escribir. “Erasé una vez…”

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7 Responses to “algür”

  1. 1 mar

    muy muy bonito. Tiene como cierto aire extremadamente nostalgico, como el papel amarilleado ¿no? precioso segundo párrafo

  2. Me ha gustado, parece que la frase de esta semana es pura nostalgia. Invita a ello. No sé si mis cuentos salen del estómago, pero todo lo demás lo suscribo.

    Un saludo,

    Pedro.

    Pd: Y un gusto leerte despues de tanto, sí ya sé tu blog siempre está aqui…

  3. La vida,palabras,parece como si ambas fueran de la mano a través de un mágico viaje en tu relato. Pensar que la vida son capítulos que van pasando sin poder volver a leerlos impresiona.Y la forma de hallar el de los cuentos en genial.Y afortunadamente aunque no pudiera volver atrás,lo que hay por delante son infinitos cuentos que a buen seguro llenarán aquel cuadernillo.
    Un original y hermoso cuento!

  4. 4 Jara

    Me ha encantado Eliseo, incluso has conseguido que mi memoria vuelva tiempo atrás a recordar todo aquello que guarda en un baul.

    Lo único que me da pena de tu historia es que encima que sólo tienes una oportunidad para leer tu libro, encima no te de tiempo a hacerlo hasta el final… pero el resto es precioso. Y supongo que simplemente es eso. Coger lo que ya existe en tus entrañas y mezclar palabras. El problema viene cuando estas no se quieren mezclar.

    Un placer leer tu vuelta.

    un beso

    pd: Sobre mi historia, habrá mas. Viene de antes. Es Lucas. Tiene historia :)

  5. 5 Synn

    Me quedo con el final:

    ‘y cogió el cuadernillo que llevaba siempre consigo y empezó a escribir. “Erasé una vez…”’

    Un poquito de esperanza.

    Saluditos!!

  6. Yo también quiero ir a ver mi capítulo… Quizá no sea mi momento, pero a veces me gustaría poder hacerlo, porque los cuentos se pierden dentro de mí y me cuesta mucho tener que sacarlos…

    Me ha gustado mucho y me ha emocionado.

    Perdón por venir tan tarde… Pero es que casi tampoco publico mi historia…

    Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

  7. Me recuerda a otro cuento, uno en el que había un monstruo.
    Me ha gustado mucho. Tus cuentos siempre me gustan.
    Los leo todos, aunque no siempre comente, por eso hoy me siento con la suficiente cercanía como para hablarte así.
    No está bien leer sin dejar luego un comentario amable.
    Gracias por regalarnos tus palabras.


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