caronte

27Ene10

Caronte llevaba ya muchos años cargando almas de un lado al otro del río a cambio del óbolo. Ya ni recordaba cuando había empezado esa maldición que hacía con rutina de funcionariado. Las almas apenas hablaban con él y él ni tan siquiera los miraba. Desde que había sido encarcelado por dejar pasar a Heracles (aún vivo) se prometió no hacer nada más que su trabajo con paciencia y tesón envidiable.

Es verdad que el trabajo no tenía demasiadas novedades ni se prestaba a grandes sorpresas. La última fue cuando Orfeo se presentó y tuvo que llamar a Cerbero para que lo trajera de vuelta, pero eso fue en los tiempos de los Antiguos y desde entonces hacía mucho, mucho tiempo.

Desde entonces, se encontraba inmenso en una rutina eterna, aunque a veces el trabajo se acumulaba en las orillas y reconocía con suficiencia que aquello, para quien no tuviera su paciencia, podría llegar a estresar.

En tales casos, con voz alta y fuerte, ordenaba a las almas que se pusieran en fila, en estricto orden: primero, quien portara mayor óbolo, los últimos, quien no habían tenido la fortuna de que un alma piadosa les hubiera dado un miserable décimo de dragma antes de partir hacia el último viaje. Ya no transportaba las almas en grupos mayores de cinco, pues hubo un día en el que casi naufraga la barca.

Aquella tarde realmente había mucho trabajo. El no había comido todavía y las almas se acumulaban más y más. El caso es que hizo que subieran diez almas para llevarlas, con la mala suerte que una de ellas iba cargada de una maldad densa y pesada. Así, según avanzaban hacia la otra orilla, el bote se hundía más y más. E hizo lo que tenía que hacer: en medio del río, tiró aquel desgraciado por la borda ante el asombro del resto. Fue la única vez que recordaba que no había hecho bien su trabajo. Nunca se lo dijo a nadie y se aseguró que ninguno de los supervivientes lo contara cortándoles la lengua. Sí es cierto que durante las siguientes noches no pudo dormir y se le aparecía en sueños aquel imbécil, o las otras almas inocentes, pero el tiempo es el mejor aliado para amortiguar remordimientos y apenas algunas veces se acordaba de aquel hecho con cierto rubor.

Un día cualquiera apareció un alma al otro lado. Era un alma que se había escapado de su destino y que le pedía que lo devolviera a la otra orilla.

-Lo siento, amigo, el viaje es sólo de ida -rió Caronte.
-Es que no quiero estar ahí-
-Y ¿por qué? -Aquel alma parecía ser destinado a los mejores lugares de aquel mundo creado por Hades.
-¿Has estado alguna vez ahí? ¿sabes cómo es?
-Pues no -se encogió de hombros- Pero tú no tienes aspecto de que te hayan enviado a las profundidades del infierno. Pareces un alma buena e, incluso, caritativa.
-Y lo soy.
-¿Y?
-Pues que sí, que tienes razón, me paso todo el día rodeado de almas buenas, de fruta que crece en los árboles, de ríos de agua pura y cristalina. Escuchando el susurro de los pájaros, yaciendo con otras almas siempre que quiero…
-Entonces ¿cuál es el problema? -Caronte cada vez lo entendía menos.
-Pues ese, ese es precisamente el problema -la voz se le estaba quebrando- Estoy cansado de esa felicidad completa, de esa plenitud eterna. No soporto la idea de ser feliz toda la eternidad, de seguir siendo el mismo para siempre, de no hacer nada porque todo me es dado, de no poder ayudar a nadie puesto que nadie precisa mi ayuda…

Caronte se mesó las barbas. Visto de ese modo, el razonamiento extraño de aquel alma tenía cierta lógica.

-Bien, -asintió- puede que tengas razón -Y aproximando la barca a la orilla lo invitó a entrar.

El alma se dió la vuelta para embarcar. Fue en ese momento cuando Caronte apretó la pértiga en sus manos. Un golpe seco y el alma cayó muerta con la cabeza abierta. Un empujón con el pié y la corriente llevó el cadáver río abajo hasta desaparecer de la vista.

Mientras Caronte movía la barca hacia la otra orilla con la larga pértiga pensaba en lo que le había dicho aquel alma y en la suerte que tenía de haber encontrado un trabajo fijo para toda la eternidad.

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2 Responses to “caronte”

  1. Me ha encantado.

    Yo también escribo ficcion :) y creo que este relato es buenísimo, una buena historia y un lenguaje simple y adecuado. Chapó!

    Me ha recordado a una frase que escuché una vez:

    “Intento ser bueno en la vida, pero me asusta. Imagínate que el paraiso eterno no me gusta.”

    Un saludo

  2. 2 fanou

    Te he enviado un mensaje con algunos enlaces. Seguramente ha ido a parar al spam. Te ruego que le eches un vistazo, antes de desecharlo del todo, aunque lo borres igualmente.


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