la escalera (*)

29Ene10

Al pueblo de Olaf se accede por la Nacional que lo atraviesa de parte a parte dividiendo a sus habitantes en dos facciones irreconciliables rememorando la tristeza de las “dos Españas” tan presente durante demasiado tiempo en tantos otros lugares. Cuando empezó la Guerra una raya invisible separó vecinos en un bando y en otro. Cuando acabó vencedores (si se puede llamar así) y vencidos se distribuyeron a un lado y a otro de la carretera, que quedó como una enorme cicatriz que pasados treinta años no ha cicatrizado todavía.

Nada más entrar, si vienes desde Madrid, a la derecha, existe un callejón. En ese callejón, de paredes blancas e impolutas hay una escalera. Es una escalera normal, de esas que se suelen usar en una obra, con dos grandes largueros y los peldaños atravesados. Sería una escalera de mano normal si no fuera porque está fuertemente anclada, en su parte inferior al suelo, y en su parte superior a la pared.

No conduce a ninguna parte, no existe ninguna puerta, balcón o ventana en la pared. Por otro lado, tampoco sirve para saltar dicha pared, pues, pese a medir casi dos metros, la escalera apenas llega a media altura del muro encalado. El viajero que llega por primera vez se extraña de esa escalera que aparentemente sólo sirve para traer mala suerte si se pasa por debajo y se es lo suficientemente supersticioso para que ello ocurra. No tiene ningún sentido. Parece que alguien la hubiera olvidado, y otro, en una especie de broma de de mal gusto la hubiera anclado. Supone éste que la desidia hizo que su dueño no la recuperara, que le daba igual.

“Una escalera que no lleva ni parte de ninguna parte”, piensa. Y trata de imaginar una especie de obra de arte abstracta tan absurda y tan de moda en los museos de la capital. Pero sabe que no puede ser eso, pues no existe ningún artista (ni vivo, ni muerto, ni por nacer) en ese pueblo. Así que, tras meditar mucho vuelve la vista tratando de olvidar al pueblo, a la escalera y el maldito calor que hace a esas horas de la tarde.

Antonio entra en ese momento en el callejón. Es de mediana altura y avanzada edad, pantalón de pana y manos en el desgastado gabán. Saluda al viajero con un ademán en la cabeza y comienza a subir la escalera. Cuando alcanza el último escalón se sienta y lía un cigarrillo. En sus ojos aparece un brillo especial cuando, desde lo alto, mira a la parte del pueblo que queda al otro lado de la nacional, a la otra parte ahora enemiga pero siempre vecina, a la otra parte donde puede ver jugar a los niños e imaginar una pasarela que junte en un sólo pueblo aquellas dos mitades tan diferentes y tan iguales a la vez.

(*)A raiz de una broma entre Micromios y Camaché se crearon 10 historias sobre escaleras. Aunque no los conozco y recién los descubrí gracias a una amiga, no he podido resistirme

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11 Responses to “la escalera (*)”

  1. Estupendo relato, que tiene un poco de todo con un esperanzador final. Todos los participantes en el “proyecto escalera” estamos orgullos de añadirte a los que ya hemos escrito.
    Salut

  2. 2 MX

    Saludos desde el ardiente cono sur!
    Me gustó mucho el relato, tiene una melancolía flotando en cada línea que no lo hace triste sino, en mi opinión, muy optimista. Siempre habrá alguien que sepa que hacer con las coas que nosotros no comprendemos del todo, como una escalera anclada.
    Felicitaciones y espero que si se presenta algun otro “experimento” como este, también participes.
    Buena suerte y más que suerte!

  3. 3 g.

    que linda imagen la de la escalera que no llega a ninguna parte. siempre recorre un escalofrio por la espalda cuando algo cotidiano es ligeramente diferente de lo que debería ser.
    salut!

  4. 4 Camaché

    El último bloque del texto es muy, muy bueno. Con ese final se plantea todo el enigma que le precede de un solo golpe! Me gustó muchísimo tu escalera. Un peldaño más.
    Nota: quizá el oficio del escribidor sea como esta escalera, que aparentemente no va para ningún lado y no tiene sentido. Pero a la hora de subirla y prender un cigarro, vemos más allá, todo lo que queda al otro lado de nosotros mismos, ese lado enemigo, pero siempre vecino.

    Saludos.

  5. 5 Emi

    Es casualidad, pero dos relatos hablan de manera directa, o indirecta, de la Guerra Civil.

    Siempre hay alguien que busca la paz en lugares que pocos creen en ellos.

    Un saludo.

  6. 6 Concha Huerta

    Que inquietante esa escalera que no lleva a ninguna parte. Muy original planterase el relato extrayendo la utilidad primaria al objeto. Me ha gustado mucho.
    Un saludo


  1. 1 -11 escaleras- « Micromios's Blog
  2. 2 Una escalera de once peldaños. « David Silva
  3. 3 Escalones para una bella escalera « Emi Eat World
  4. 4 12 escalones. « no entiendo nada.
  5. 5 Doce peldaños. « efímero

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