pesadilla

Anoche tuve una pesadilla. Estaba en Madrid, las calles eran las mismas, pero no había nadie. Todos los bares estaban cerrados, los quioscos de periódicos con el cierre echado. Llamaba a los telefonillos y nadie contestaba… Estaba en una ciudad fantasma completamente solo. Y lo peor es que tú no estabas a mi lado.

Hoy he vuelto a soñar con ese Madrid fantasma. En una esquina, acurrucada, te encontrabas tú. Me acercaba, pero tú me rehuías, te apartabas de mí dando manotadas al aire, unas manotadas sin fuerzas, unas manotadas tan apagadas como tus ojos.

Hoy se ha vuelto a repetir. Pero en este caso tú andabas por la calle unos pasos por delante de mí. Por más que me acercara era imposible alcanzarte. De vez en cuando te dabas la vuelta y me lanzabas una mirada furtiva. Al doblar la calle habías desaparecido.

He tomado una determinación: no voy a volver a dormir nunca. No puedo despertarme con esa sensación de ahogo en el pecho, con esa sensación de soledad que me acompaña todas las noches. Así que está decidido. Me quedaré a tu lado en la cama, en silencio, sin hacer ruido. Mirándote como te miraba tantas y tantas noches antes de que estuvieras muerta, rozando apenas tu cuerpo frío y rígido e intentando recordar olores pasados mientras veo cómo se va descomponiendo tu cadáver.

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