ana

18Ago11

Hoy es tu último día aquí. Mañana vendrá una familia que ha decidido adoptarte. Ya nunca más te abrazaré, te cuidaré, te ayudaré a comer, a levantarte, a bañarte. Daniel, ya nunca más estarás encerrado en estas cuatro paredes. Tendrás padre y madre. Y también tendrás hermanos normales.

Todavía me acuerdo la primera vez que entré como cuidadora en esta casa hace ya más de cuatro años. En seguida me encariñé de ti. Eras el más pequeño, el más necesitado. Sí, ya sé que los otros también necesitaban ayuda. Al fin y al cabo venía a cuidar a “niños con dificultades especiales”. Pero
no sé si fueron tus ojos, o lo que fuera, pero el caso es que enseguida, y no se lo cuentes a los otros, te convertiste en mi favorito. Siempre me han gustado mucho los niños, ¿sabes? Es algo que ha sido así desde muy pequeña. Déjame que te cuente una historia.

Cuando tenía catorce años, mi madre trajo al mundo a un niño que se llamaba Daniel. Sí, aquí donde me ves yo tenía un hermano que se llamaba como tú. Y que también era “especial”, como tú. Los médicos dijeron que nació con un “pequeño retraso”, pero no es cierto. Aquellos médicos acostumbrados a etiquetarlo todo entre sano/enfermo, bueno/malo, blanco/negro, normal/anormal… ¡qué estúpidos!

Daniel, créeme, sólo existen dos tipos de personas: los que te hacen felices y los que no. Y mi hermano, siempre fue de las primeras. Era muy cariñoso, como tú. Y muy despierto, aunque quizá tú lo seas más y te lo digo en serio. Yo lo quería mucho ¿sabes? Y también lo cuidaba y lo abrazaba y le tenía que dar de comer y bañar…

Mi padre nos dejó un buen día sin ninguna palabra, sin ninguna excusa, sin ninguna respuesta. Pero Daniel me tenía a mí, y yo tenía a mi madre que encontró un trabajo en un supermercado. En uno de esos grandes que están en las afueras de las ciudades, donde los sábados se llena de tanta gente que hacen largas colas para poder aparcar. Tú no has estado nunca en uno de esos supermercados, pero te aseguro que, los lunes a primera hora, con todos los lineales ordenados, los estantes repletos de comida, la fruta ordenada y brillante… Yo es que, siempre que entraba me parecía que entraba en un cuento.

¿Te acuerdas del cuento de Hansel y Gretel que te he contado tantas veces? Pues lo mismo, pero en lugar de una única casita hecha de pan de jengibre, pastel y azúcar moreno, eran lineales y lineales de comidas y paquetes de todos los colores.

Un día, Daniel cogió una neumonía se nos fue a mi madre y a mi. En la cama de un hospital relleno de tubos…

Pero no sé por qué te cuento esta historia, porque contada así parece muy triste. Fijaté, fijaté bien poque ahí no acaba la historia. Hace ya cuatro años que encontré un niño que también se llamaba Daniel. Sí, estoy hablando de ti. ¿Qué curioso no? lo cierto es que la vida siempre ofrece una segunda oportunidad como aquel programa de televisión. Y lo cierto es que hemos vivido muchas cosas juntos, o ¿no? ¿me vas a decir que no nos hemos reído? ¿que no nos hemos divertido?

Y ahora te vas, una familia te va a adoptar. Los he visto y parecen buena gente. Un poco serios pero buena gente. Seguro que estarás muy bien con ellos aunque no puedo negar que te voy a echar un poco de menos. Me había hecho a la idea de que estaríamos juntos toda la vida, que nadie nos iba a separar nunca, que no iba a perderte como la otra vez. Juntos para siempre.

Ana se queda pensando, mirando a través de la ventana, agarrando con las dos manos a Daniel que le mira a través de sus ojos extraviados. Y pasa así mucho tiempo, tanto que a Daniel le duelen las muñecas, pero no se queja aunque siente un poco de miedo.

Ana se quita las lágrimas de un manotazo. Se levanta y va a la cocina. Allí coge tres bolsas de plástico. Se acerca a las habitaciones de los otros niños. Uno a uno los asfixia con las bolsas de plástico, a Daniel el último. Luego vuelve a la cocina, coge un largo cuchillo y se apuñala cerca del corazón. No se oye ningún grito. No se escucha ninguna queja.

La mañana encontrará tres pequeños cadáveres en sus camitas y una cuidadora que ha acabado suicidándose.

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2 Responses to “ana”

  1. El país (23/08/2001): “Detenida una monitora por la muerte de tres niños discapacitados en Valladolid”. La mujer intentó matarse tras asfixiar a los menores con bolsas de plástico.

  2. Siempre que oigo una noticia así, tiendo a pensar más en una mujer sobrepasada que pretende liberar al mundo de una carga.
    Me gusta porque no me gusta…


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