la carta

26Ago11

23-feb-2008

Hola María, ¿cómo estás?
Reconozco que nunca he sabido cómo diablos se empieza una carta. No sé si es mejor un “estimado”, un “querido”, un “apreciado”… Supongo que por eso escribo algo tan simple como “Hola”.

Bueno, supongo que te extrañará que recibas esta carta después de tantos años. No te asustes, que no pasa nada. Es que hoy me he puesto a pensar en ti. Bueno, en ti y en mí. Y en aquellos tiempos en que éramos niños felices jugando con cualquier cosa.
Es extraña la memoria, un olor, un sabor, una imagen que no tiene nada que ver y de repente… ¡puff! Ahí está, un golpe de la memoria que devuelve al pasado.

Te decía que puede que te extrañe que te escriba después de tanto tiempo, pero estaría faltando a la verdad. Te he escrito muchas veces, muchas cartas desde que nos “separamos”. Es sólo que nunca he tenido valor para mandartelas. Algún día, cuando muera, me encontrarán enterrado bajo docenas de cartas dirigidas a una tal María. Me lo estoy imaginando, toda mi familia preguntándose quién es esa María. Todas las cartas esparcidas por el suelo de mi habitación y mis familia sin atreverse a abrir ninguna.

Sí, es lo que tiene mi familia, que son un auténtico coñazo, se odian entre ellos como si cada uno de ellos debiera la vida al otro. Tienen una capacidad inmensa de hacerse daño y cometer las más terribles atrocidades, pero nunca se saldrán de lo que denominan “sus leyes”: está permitido robar, maltratar, pegar a la mujer, malmeter, insultar… Pero nunca se saltarán un semáforo, nunca aparcarán en doble fila y nunca, nunca, abrirán una carta que no vaya dirigida a ellos.

Sí, he vuelto a pensar en ti, como cada veintitres de febrero y como tantas otras veces. En lo felices que fuimos, en las veces que hacíamos el amor en el asiento de atrás del coche, en los planes de futuro que imaginábamos… Sobre todo en esos viajes imaginarios a imaginarios países a los que íbamos en el viejo Volkswagen, o de polizones en un barco, u ocultos en un vagón de mercancías en el que nos colábamos desde aquella curva donde los trenes tenían que pasar tan despacio.

Luego nos casamos y todo se torció, empezaron los gritos y a los gritos siguió un bofetada y a la bofetada… Bueno, los dos sabemos cómo acabó. Pero no es eso de lo que quería hablarte. Durante todos estos años sólo espero que me hayas perdonado todo ese daño que te hice, porque no puede borrar nunca lo felices que llegamos a ser, los momentos de los “buenos tiempos”.

No, no te estoy pidiendo volver porque sé que eso es imposible, sólo quiero que me recuerdes como era antes de convertirme en un monstruo, sólo quiero escribirte con la esperanza de imaginarte leyendo feliz esta carta, aunque supongo que no la leerás. Y no la leerás porque, como tantas otras cartas que te he escrito a lo largo de estos años no me atreveré a meterla en el buzón. Supongo que no importa demasiado, total, hace ya diez años desde que te dejé muerta en aquella cuneta.

Anuncios


One Response to “la carta”

  1. Eso sí que es anticlimático.
    (Eres al único que he leído, paso de puntillas, no hagas ruido?


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: