calladamente

Calladamente caen las hojas en esta tarde de finales de marzo, sin hacer ruido (tan sólo un oído experto podría oir ese “chop” de las hojas al caer).

Calladamente caen los días del viejo calendario, sin hacer ruido (cuidando de no despertar al durmiente que todos llevamos dentro)

Calladamente lloro por dentro, anegando mi corazón de lágrimas por las cosas que nunca pasaron (maldiciendo en silencio a un mundo que se ha vuelto aburrido)

Calladamente se me escapa el tiempo entre las manos por la ausencia de las tuyas y un poso amargo se instala en mi garganta (y no consigo que se me despegue)

Calladamente…

Pero no me resigno.

Y grito: ¡Estoy vivo! (y es un raro sentimiento despertar al silencio que me ha rodeado durante este tiempo)

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un cadáver exquisito

Todo empezó como un juego: Unos cuantos participantes, un párrafo a escribir cada uno y una sola condición: era imprescindible no conocer nada de la historia, sólo tendríamos la última palabra de una frase para continuar la historia.

Pues eso, que lo que salió del cadáver de unos cuantos (¡Qué hermoso es compartir un cadáver!) ha sido una historia. Quizá tenga sentido o no, quizá nos transporte a lugares o no, quizá sea simple tontería o será juego -como toda esta vida-. El caso es que tengo la sensación de que nos ha hecho compartir algo más que un simple cadáver y que no podía dejar de dar un abrazo a todos los que compartimos esta pesada carga.

tres mil visitas

Ya sé que es sólo un número (además pequeño), pero coincidió con mi cumpleaños. Cuando ví que había alcanzado la visita 2.999 estuve esperando la siguiente, ansiosamente, entrando al blog cada cinco minutos. Acechando a la presa… ¡Y me la perdí! No sé quién eres, visitante 3.000. Seguro que no eres ni mucho menos mejor que los otros. Casi seguro que eres alguno de los que vienen habitualmente o quizá llegaste buscando cualquier cosa que quepa en un saco roto y nunca más sabré de ti.

Te imagino con el pelo castaño, gafas de miope, demasiado delgado para lo que corresponde a tu edad. Y brindo por tí. Y brindo por cada uno de los que os habéis acercado y poco a poco me emborracho de mí (que es un poco un ejercicio de canibalismo)

¡Bah! que sólo quería daros las gracias a los que habéis venido y que me hubiera gustado hacer un cuento con esto y no he sido capaz.

antonio

Se llama Antonio y vaga de mesa en mesa pidiendo una limosna. Se queda ahí parado, incómodo, sin decir nada. La mano derecha sobre la izquierda, con las palmas hacia arriba haciendo cuenco.

Antonio ya no se acuerda de su infancia, si la tuvo. Ni de sus padres, aun si le quisieron alguna vez. Antonio sólo vive para el ahora. Y ahora tiene frío, tiene hambre, siente sus pies cansados y se pregunta qué hizo él para no merecer mejor suerte. Para no ser uno de Ellos. De esos que comen alegremente de sus platos sin ni siquiera mirarle. Esperando inútilmente que la indiferencia hacia él le alejen de su mesa. Siente una rabia sorda, aunque no sabe porqué. No puede culparles porque rían, porque coman alegremente. Así que se está un buen rato ante cada una de las mesas. Sin decir palabra. Y sabe que Ellos se sienten incómodos ante su presencia. Le desprecian porque se encarga de recordarles que ellos también podían ser Antonio. Y se reconforta pensando que él podría ser alguno de Ellos. Formar parte de esa selecta sociedad que come todos los días, que pide cervezas y ríe y que, al contrario que él, no siente frío.

Siente una mano en su hombro, pero no se vuelve. Toda su mirada está concentrada en la mesa. “Estás molestando a los clientes. Venga, vete”

Pero Antonio no se mueve. Apenas entiende lo que le dicen. Sólo entiende que no es justo y que tiene frío. Pedro le hace volverse, le hace levantar la cara, le hace mirarle y le indica con un gesto “¿Tienes hambre?”. Sí, eso si lo entiende y asiente. Y Pedro se lo lleva a un aparte para que no moleste a sus clientes. Ellos suspiran aliviados. Pedro habla con él y pide al camarero un bocadillo de lomo con queso “De los grandes, para llevar”. Y se queda mirándo a Antonio que ha vuelto de nuevo la cara hacia el suelo.

Cuando el paquete envuelto en papel de plata sale de la cocina, Pedro se lo entrega y Antonio siente el pan caliente, el olor del lomo frito y del queso derretido. Antonio se va mientras Ellos suspiran aliviados. Aliviados de poder olvidar a Antonio. Prestos a simular que no ha pasado nada. Que no existe ningún Antonio. Contentos por haber cerrado los ojos. Y se concentran de nuevo en sus platos y vuelven a reir haciendo chocar las jarras de cervezas. Olvidando a Antonio, a Pedro, a aquella calle de los Pintores y aquella visita a Cáceres realizada en un día cualquiera de Octubre.

imaginaba

Imaginaba que era un pirata cuando jugaba con su espada de madera; imaginaba que era un vaquero cuando jugaba con su pistola de poliestireno; e imaginaba que era un soldado en su búnker cuando se escondía en la gran caja de cartón a la que había abierto un pequeño agujero por el que espiaba a su madre mientras preparaba la cena.

Y aún gritaba “pump” “pump” con aquella pistola; y aún caía al suelo haciéndose el muerto, o se arrastraba sintiéndose herido por la flecha de un terrible piel roja imaginario, revolcándose por el suelo hasta esconderse detrás de una silla.

Pero aquel chico se hizo grande, vino la Gran Guerra, vinieron las espadas de verdad, las pistolas de verdad, las trincheras de lodo y barro, los “Doppledecker” que disparaban contra aquella posición en lo alto de la colina, el hambre, el frío, la soledad… todo de verdad.

E imaginaba que era aún un niño, imaginaba que no había guerra, que aquello no era real… Y que no tenía que matar a nadie de verdad.

estado latente

Sí, como bien me ha recordado mi amigo Sky4you he estado en estado latente (y me queda un poco en este estado). Como dijo aquel, peor que estar tumbado boca arriba encima de un duro y húmedo suelo es estar debajo de él.
Vale, he estropeado un fabuloso cuento que leí sólo por hacer una nota de que, aunque lleve más de un mes sin escribir, volveré pronto.

Gracias, como siempre, por estar ahí

imbéciles en la red

Supongo que ya me tocaba, al fin y al cabo llevo 3 meses en el blog y era lógico que antes o después algún imbécil hiciera spam, enviara mensajes que no tienen nada que ver con el blog o cualquier otra cosa. Vamos, viniera a joder (se ve que no puede hacerlo de otra manera)

El imbécil en cuestión ha tenido una grandísima idea: Mandar mensajes más o menos hirientes a diversos blogs y espacios personales diciendo que venían de parte de elsacoroto.wordpress.com

Hombre, la verdad es que no soy el tipo con más amigos del mundo y es cierto que me cuesta hacerlos. Cuando entablo conversación es en algún bar (“No, gracias, no quiero comprar cedeses”, o “No gracias, no quiero flores”) en el trasporte público (“por favor, sientesé señora”) o en mi portal con los vecinos (“Hola y adiós”). Además, no creo mucho en las relaciones por internet, donde todos mentimos un poco y me importan sólo las opiniones que tengan de mí si vienen por parte de unas pocas personas.

Pero ¡joder! ¿es que la gente no tiene otra cosa que hacer que tocar los huevos? Supongo que tenía que estar enfadado, pero la verdad es que de momento me tomo a risa a ese imbécil.

Es sólo que me jode que haya gente tan infeliz.

Buscando por la red encontré que no es un imbécil, que es un troll. La verdad es que al saber que es algo tan común ya quedo más tranquilo. Existe un buen artículo en Cronopios (aunque no estoy de acuerdo en que “Una técnica que usan los trolls para generar caos es hacerse pasar por una persona bien considerada”, supongo que es un error de la traducción lo de “bien considerada” :)